Carta Abierta al Club Deportivo Minusválidos Elche
Carta Abierta al Club Deportivo Minusválidos Elche

En la Fundación Juan Perán-Pikolinos hemos recibido la siguiente carta que queremos compartir con todos:

"Este fin de semana se presentaba como un fin de semana aburrido. Un fin de semana anterior a los exámenes, es decir, un fin de semana estudiando intensamente. Pero, en este fin de semana, también jugaban la fase de ascenso a División de Honor B el equipo de baloncesto del Club Deportivo Minusválidos Elche.

Tenía planeado ir sólo a los partidos de la mañana, aunque tampoco tenía especial interés, porque iba sola, sin saber muy bien si las reglas cambian del baloncesto a pie al de silla de ruedas, sin conocer a ningún miembro de este equipo, sólo tenía referencias de mi padre. Así que ahí estaba yo a las 9:30 de la mañana en el pabellón. Cuando llegué aún estaban calentando y mi primer sentimiento fue de pena. En seguida empezó el partido y sólo hicieron falta 2 minutos para que me metiera dentro de este equipo. El partido iba muy igualado, ellos se aplaudían, se animaban, se daban consejos, la grada les empujaba, les daban fuerza y mientras yo vivía todos estos momentos con nerviosismo. Me cabreaba cuando pitaban algún fuera equivocado, alguna falta que no era. Llegamos al descanso y fui a hablar con el entrenador (Tomás). Entonces, en ese momento, me di cuenta de que equivocada estaba en el calentamiento. Estos chavales no me pueden dar pena, sino admiración, alegría…estos chavales llegaron a Avilés a las 2 de la madrugada y a las 9:30 estaban jugando el partido que quizás les determinaría la fase de ascenso y en ningún momento el entrenador se quejó de esto. Él sólo me dijo: “estamos fallando mucho debajo del aro, tenemos que mejorar eso y podremos ganar”. Comenzó la segunda parte, un chico en la grada vino a hablar conmigo también. Era de Aspe y aproveché para preguntarle un par de reglas del juego porque quería saber más sobre este deporte. Me estaba encantando y quería llegar a entenderlo del todo. Vivimos intensamente los minutos finales del partido y fuimos a la prórroga. No empezamos muy bien, pero no tiraron la toalla en ningún momento, siguieron peleando hasta el final. Al final se perdió de 3. ¡Una lástima!
Salí fuera del pabellón dirección a mi casa y lo primero que hice fue llamar a mi familia para contarles mi experiencia. Parecía una niña de 4 años cuando descubre algo nuevo. Me había encantado el partido. Supongo que la gente que nunca hemos vivido el mundo del deporte de discapacitados nos hacemos una idea errónea de esto, es como si el deporte no fuera igual. Pensamos que el baloncesto no es baloncesto, que el tenis no es tenis, etc. Pero yo esa mañana descubrí, que el baloncesto, el deporte que tanto amaba, era igual sobre dos pies que sobre dos ruedas, era igual de emocionante, igual de vibrante. Por eso, decidí ir a ver el partido de la tarde. El partido era a las 18:00 y cambié todos los planes para poder organizarme estudios y partido. Fueron 3 horas las que pasaron desde que comí hasta que tenía que salir de casa, pero fueron 3 horas interminables. Estaba nerviosa, quería que llegara el partido, quería volver a ver a estos chicos luchando y peleando por su equipo, por su club, por su ciudad.
Por fin llegó la hora del partido, era quizás el partido más difícil. Mucha gente daba al rival como favoritos para ascender. En el partido de la mañana ganaron de 40, sin embargo, este gran equipo no se arrugo, no le tembló el pulso, no dudó ni un segundo. Empezaron el partido como si su vida dependiese de eso. Se les puso cuesta arriba, perdían de 20 en el tercer cuarto. Pero, jugaron sus cartas y lograron echar por 5 faltas a un jugador. Este momento les dio alas y empezaron a pelear, a luchar, a remontar. Toda la grada vibraba, toda la grada soñaba con una remontada épica, toda la grada creía en este equipo. Había unas personas a mi lado que decían: “¡Sí, seguid chicos, que se puede! ¡No os rindáis ahora!” Pero yo me pregunto, ¿alguna vez estos chicos han pensado en rendirse? Quizás han tenido un pequeño bajón, un pequeño bache, pero ¿vosotros pensáis que estos chicos se pueden venir abajo por un marcador en contra cuando en su vida no hay más que obstáculos? Cosas tan sencillas como entrar en su vestuario se puede convertir en un imposible porque si abren solo una puerta, no entra la silla y la otra no pueden abrirla porque el pestillo está en una zona donde personas de 1’70 llegan de puntillas. Volviendo de nuevo al partido, los cinco que estaban en el campo sudaron la camiseta por intentar ganar el partido, pero los del banquillo no fueron menos. En este partido, aparte de demostrarme que son capaces de hacer cosas inimaginables, me demostraron que eran un equipo y que estaban todos a una. Al final, no se pudo ganar pero ellos salieron con la cabeza bien alta, dolidos, pero satisfechos por el trabajo hecho. Yo mientras en la grada flipando por lo visto. Vaya partidazo, ni en mis mejores sueños me hubiera imaginado que el baloncesto en silla de ruedas me podría hacer vibrar de esta forma. Fui al pasillo a hablar un poco con ellos y me di cuenta de que no son de piedra, de que sufren y les molesta que el equipo contrario este celebrando la victoria con gritos de “campeones, campeones” y ellos no puedan decir nada, simplemente lamentarse por haber perdido el partido. Digo esto porque muchas veces he pensado: lo han tenido o tienen que pasar tan mal que un simple partido no les puede molestar, doler. Pues me equivoqué. Ellos tienen los mismos sentimientos que nosotros, ellos son personas igual que nosotros solo que utilizan otro medio de transporte. Nosotros los pies, ellos la silla. Pero no se diferencian en nada más y si lo hacen es porque nosotros, los que pensamos que lo tenemos todo, no se lo ponemos nada fácil. Creo que tenemos que pensar un poco menos en nosotros, un poco menos en lo que tenemos y pensar un poco más en lo demás. Yo ahora mismo me planteo: antes de este fin de semana suspender el examen podría ser el fin del mundo para mi, ahora me doy cuenta de que mi enorme problema es una miseria comparada con lo que esta gente tiene que sufrir o luchar para poder vivir en “nuestro” mundo y todo porque nosotros no hemos pensado en ellos ni un segundo. Mi problema lo puedo solucionar yo, ellos no pueden solucionar el suyo sin nuestra ayuda.
Con todas estas reflexiones me fui para mi casa después de echar unas risas con este equipo. El domingo era el último partido, en principio no se jugaban nada porque lo máximo que podían aspirar es ser terceros, por lo que ya no podrían ascender. Pero, cuál fue mi sorpresa cuando llegué y Tomás me dijo que quizás el equipo catalán renunciaba a la plaza y ellos si ganaban podían optar por subir. Entonces, volvieron mis nervios. El partido no fue muy brillante pero había que ganar sí o sí. Por eso, hubo mucha tensión en el equipo, algún mini desacuerdo en la forma de ver la solución al partido. En los minutos finales del partido, una parte de mi decía que se acabe ya por favor que vamos por arriba en el marcador, por otra parte decía que no se acabe porque esto significa tener que despedir a estos grandes chicos hasta la próxima vez que los vea y sabe dios cuando será. Pero, como era lógico, el partido terminó. Todo se acabo. Ellos estaban contentos, habían ganado, pero molestos porque no se había jugado bien. Como cualquier deportista ¿no? Siempre hay que sacar algo positivo y es que también hay que ganar jugando mal y estos chicos lo han hecho, han luchado contra las canastas que se salían del aro, han luchado contra los balones que se perdían por centímetros, han luchado contra todo y han vencido.
Lo último que quiero decir es ¡GRACIAS! Gracias por estos dos días maravillosos que hemos pasado juntos, gracias por hacerme ver que hay que pensar algo más en el resto y no tanto en uno mismo, gracias por demostrarme lo buenas personas que sois, gracias por hacerme conocer el mundo de los discapacitados, gracias por hacerme participe de vuestro deporte, gracias por enseñarme todas las reglas para poder entenderlo y poder disfrutar más del partido, gracias por dejarme pasar estos días con vosotros. En definitiva, gracias por ser como sois. Dicen que los diamantes no se crean sino que se descubren y creo que vosotros tenéis un diamante oculto en cada uno, un diamante que solo demostráis a la gente que de verdad se interesa por vosotros.
Mucha suerte para vuestras vidas. Aquí tenéis una amiga.
Anna"